lunes, 26 de noviembre de 2018

UNA TULPA, UN EGREGOR, UN ARCONTE IV


LOS ARCONTES
Los Arcontes son una especie genuina con su propio hábitat, y pudiera incluso ser considerado ser casi divino, pero carecen de intencionalidad (ennoia: capacidad auto-directiva), y tienen una repugnante tendencia a salirse de sus límites, imponiéndose en el reino humano. Se dice que los Arcontes sienten intensa envidia hacia la humanidad, porque nosotros poseemos la intencionalidad de la cual ellos carecen.

El Mito de Gaia describe cómo los Arcontes fueron producidos por impacto fractal en los densos campos de formación elemental (dema) de los brazos galácticos, cuando el Eón Sophia se arrojó unilateralmente desde el núcleo galáctico. Ver especialmente el Episodio 10.
En la psicología gnóstica, la ciencia noética de las Escuelas de Misterio, los Arcontes son una fuerza alienígena que invade subliminalmente a la mente humana y desvía nuestra inteligencia lejos de sus aplicaciones apropiadas y sanas. No son los que nos hacen actuar inhumanamente, ya que todos nosotros  tenemos el potencial de ir en contra de nuestra humanidad innata, violando la verdad en nuestros corazones, pero nos hacen sacar comportamiento inhumano hacia extraños y violentos extremos.
La aberración contenida es que, dejados a nuestro propio albedrío, nosotros a veces actuaríamos inhumanamente para luego corregirlo. Obviamente, nos siempre lo hacemos. En la exageración de nuestras tendencias insanas e inhumanas, y en una extrema y no corregida desviación de nuestra inteligencia innata, los gnósticos vieron la firma de una especie alienígena que cosquillea en las peores fallas humanas.
Por lo tanto, los Arcontes son parásitos psico-espirituales. Sin embargo, como retoños del Eón Sophia, ellos son también nuestros parientes cósmicos.
*Carlos Castañeda, nos dice en  “El Lado Activo del Infinito”* :
“Para mantenernos obedientes, dóciles y débiles, los depredadores se comprometieron en una maniobra estupenda – estupenda, por supuesto, desde el punto de vista de un estratega de la lucha. Una maniobra horrible desde el punto de vista de quienes la padecen.
¡Ellos nos dieron su mente! ¿Me oye? Los depredadores nos dieron su mente, que se convirtió en nuestra mente. La mente del predador es barroca, contradictoria, mal humorada, llenos de temor de ser descubiertos en cualquier momento. ”

HAY MANERAS DE EVITAR QUE ESTAS ENTIDADES SE DESARROLLEN Y PROLIFEREN:
Evitar las expresiones violentas o intensas de nuestros estados anímicos: discusiones, gritos, peleas, llantos, una pena largamente sostenida, estados de angustia y sufrimiento, etc.
Mantener una buena higiene personal, con baños diarios y limpieza cuidadosa del cabello.
Mantener la casa limpia, sobre todo en los rincones y tras los muebles grandes y pesados.
Realizar una limpieza del ambiente y renovación de las energías, al menos una vez cada 15 días, o cuando se sienta malestar o cualquier signo de que el ambiente se ha enrarecido. Esta limpieza puede hacerse quemando ruda, salvia y romero con una pizquita de azufre en polvo (cuidado con esto, porque el azufre es MUY tóxico, deben dejarse puertas y ventanas abiertas mientras se hace, y usar protección como barbijo o pañuelo en la boca… la limpieza sin azufre es igualmente efectiva); también se pueden quemar otras hierbas conjuntamente, como laurel y cedro.
Evitar lugares donde puedan “transferirse” este tipo de parásitos, como aglomeraciones humanas, cárceles, colectivos urbanos, cementerios, salas de velatorios, etc. Las energías que podemos traer de algunos de esos sitios son, definitivamente, muy degradadas.
Si no podemos evitarlos, al volver colocar toda la ropa usada al sol, por 2 horas como mínimo, y pasar una barrita de azufre por la suela de los zapatos. Rociar el cabello y la piel que estuvo descubierta con una solución de agua con limón, al 5%. Es buena idea tener siempre una botellita con esta preparación a mano.
No arrojar los abrigos sobre la cama, esto es algo que hacemos frecuentemente cuando volvemos de la calle.
No recostarnos en la cama con los zapatos puestos, idealmente deberíamos dejarlos lejos de la cama… incluso afuera.
Encender sahumerios y quemar aceites aromáticos cuando tenemos visitas o cuando estas se marchan.
Evitar prácticas mágicas en nuestro entorno si no tenemos los conocimientos suficientes.
Desterrar, desterrar, desterrar… siempre que sea necesario, y tomarse esta práctica con seriedad.
Si sospechamos de la presencia de una entidad más peligrosa (o hemos notado su existencia), es necesario contactar con alguien que sepa del tema y no improvisar rituales de expulsión.
Consigue un gato y cuídalo; según se dice, el perro es el guardián de lo material, el gato de lo inmaterial. Si hay algo negativo lo neutralizará, o te avisará de su existencia.


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