sábado, 25 de agosto de 2018

SOMOS BRUJAS. . .




Un calificativo que siempre me gustó fue el de bruja. Sí, bruja, ¿de qué os asombráis? Quien piense que con esa palabra me insulta va dado. Creo que a las mujeres mucho mejor nos va siendo brujas que princesas encantadas despertadas de la siesta por un desconocido que, sin pedirles permiso, se adentra en su intimidad con un beso; o jovencitas incautas de sangre real sirviendo a siete 
 hombrecitos, niños eternos, que no saben ni hacerse un bocadillo; o pobres sirvientas elevadas a la categoría de altezas por su obediencia al horario que, como no son ya de por sí incómodos los tacones, para colmo van calzadas con zapatos de cristal.
La bruja es la mujer libre, la que no se doblega y conoce tanto la naturaleza como su naturaleza, la sabia que ha descubierto el secreto de buen vivir, la alegre, la gozosa, la plena…, y por eso la peligrosa, la que había que constreñir, a la que había que cargar con leyendas negras, difamada y calumniada. Lilith, la diablesa, Thiamat, útero que engulle, Aisha Khandisha, terrible seductora comeniños.
Por eso, porque somos brujas, subidas en nuestras escobas para recorrer el cielo de la noche y buscar los arcanos de nuestra existencia; porque somos brujas, con nuestros calderos en los que a fuego lento hierven cocimientos de salud y vida; porque somos brujas, con nuestros gatos negros, rubios o tricolores, fieles amigos libres que entienden nuestra libertad; porque somos brujas, con nuestros ensalmos y conjuros al amor y a la alegría; porque somos brujas, somos mujeres fuertes, poderosas, libérrimas, sin miedo… Somos diosas para dominar a nuestro albedrío fecundidades, y también humanas, para rompernos y cansarnos, para decir estoy hasta el mismísimo y hasta aquí he llegado, para pedir tu hombro para llorar y tu oreja para escuchar.
Y es que la bruja no es una super hembra siempre bella a la manera de los cánones establecidos, sin una arruga ni en la ropa ni en la piel; ni una máquina infalible que prima eficiente la productividad; pero tampoco una esposa abnegada dispuesta siempre ya sea en la cocina o en la cama; o la paridora sin más horizonte que la teta y el parque… La bruja se sabe hermosa en su imperfección, profesional, pero siempre humana mirando lo humano, compañera de vida y, llegado el caso, madre amorosa de sus cachorros a los que enseña desde la cuna el camino de la libertad. 
Por eso hoy, amigas mías, mujeres fuertes y libres, quiero dedicaros esta entrada, a las que me habéis precedido y servido de referente, a las que hacéis conmigo este camino y tantas veces me servís de apoyo, y a las que venís detrás: todas las niñas y adolescentes que sois la cantera de nuestro futuro, porque deseo que nos sintamos cómplices, enredadas, unidas, pues, aunque mucho hemos andado, mucho queda por recorrer y esa travesía sólo podemos hacerla juntas.
Texto de Inma Calderón

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